¿Que sucede con los amores?, ¿Con los pasos eternos que han dado dos personas luego de haberse separado?. ¿Los tapitaps de los pasos, se sumaran acaso dentro de los ecos del tiempo?. ¿Un segundo sera acaso capaz de devolver aquellos momentos, sera capaz el sueldo darle un regalo a semejante trabajo?. Alguna vez podran aquellos sentimientos resonar? Y volver alguna vez al regazo de los amantes?.
Yo ame, ahora no amo. Simplemente oigo esos tapitaps, esos bushis, esos shuashs, que son el sonido de los pasos, el calor del viento en la cara y la caricia de un aire frio en la mañana.
Alguna vez ame un espejismo, luego ame una meta inalcanzable y finalmente recibi el calor tibio de un carino.
Ellos dos alguna vez se encuentran frente a frente a frente, ella con curiosidad, el con un animo renovado. Ella se agita sobre sus pies, mueve su torso reloj y contrareloj, ansiosa, lo mira, el le sonrie, es un gesto alegre a pesar de que no tenga risa, porque la cara le produce calor, un regalo de vuelta. La sabana tendida en el piso, nos parece que se ha pintado de cebra, como si al avanzar en cada raya las distancias se fuesen quebrando. Pensar que la calle es lo que nos separa, pero las distancias estaban quebradas desde antes, desde el momento en que esas dos miradas se cruzaron, los ojos de ella miraron a los de el y se volvieron tibios, asi ellos dos pasaron las barreras y se encontraron en el medio de la calle, rieron, porque les parecio estupido haber terminado en la mitad, rieron, porque no sabian hacia donde ir, si hacia el lado de ella o hacia el lado de el. La bocina del auto tomo la decision, el camino que tomaron ya no importaba, solo importaba ese momento en que salieron tomados de la mano, porque el camino al que se habian dirigido era uno totalmente nuevo. Asi la tarde se volvio extasis, porque ya todo el fondo se fundio en uno y lo unico que quedaba era ese objeto hermoso al frente de uno: el otro. Él pensaba que el beso era el culmine de todo, ella sabia que solamente debia de dejarse llevar, sentir lo que sentia en aquel momento. Cuando sus labios se tocaron, él supo una nueva realidad: La vida sigue mas alla de aquellos actos culmines, el beso no los cambiaba, solo derretia una capa de hielo sobre aque bello cerezo que besaba en frente y dejaba ver una pequeña rama nueva. Por mas que las cosas no cambiasen, si seguian siendo como habian sido hasta ese momento, las cosas estaban perfectas, -que emoción- él pensaba- es como ella dice, hay que dejarse llevar por las emociones, son lo mas verdadero que tenemos nosotros los humanos. Ella sentia que estaba un poco mas cerca de el, que sus sentimientos eran capaces de transmutarse en aquella sorpresa, que el acercamiento de ambos, el roce de los labios, el tocar de sus lenguas, las caricias que solo los intimos se dan, que ahora ella tenia en sus manos un pecho ajeno, tenia las llaves de sus sentimientos tenia la dichosa entregada labor de cultivar aque arbol que se le habia dado entre sus manos, eso le daba derechos y deberes sobre el. Lo queria, y lo unico que esperaba de el, era que su respiracion siempre fuera capaz de rozar su cara, que cada hoja que pisara, cada tristeza que pasara, cada pena que llorara, cada risa, cada inicio y cada termino, fuera capaz el de mostrarlo a ella. A el le habian hablado mucho sobre el proyectarse, sobre el elegir a un alguien, elegir el camino, llegar a una meta. Habia pasado una vida comprandose ese cuento, de que quien no tiene un fin en la vida, no va a llegar a ser nadie, en aquel momento no le importaba, porque sabia que en ese momento ella no era una meta, no era un deseo, ella era un camino y estaba dichoso de recorrelo junto a ella.
Se funden las distancias. En un ocaso naranjo, sobre el pasto de una plaza, ambos tomados de la mano y intentando saborear ese restito de momento que todavia les quedaba pegado en los dientes. El sabor ya acabo, se miran dan media vuelta y se van, renovados.
Yo ame, ahora no amo. Simplemente oigo esos tapitaps, esos bushis, esos shuashs, que son el sonido de los pasos, el calor del viento en la cara y la caricia de un aire frio en la mañana.
Alguna vez ame un espejismo, luego ame una meta inalcanzable y finalmente recibi el calor tibio de un carino.
Ellos dos alguna vez se encuentran frente a frente a frente, ella con curiosidad, el con un animo renovado. Ella se agita sobre sus pies, mueve su torso reloj y contrareloj, ansiosa, lo mira, el le sonrie, es un gesto alegre a pesar de que no tenga risa, porque la cara le produce calor, un regalo de vuelta. La sabana tendida en el piso, nos parece que se ha pintado de cebra, como si al avanzar en cada raya las distancias se fuesen quebrando. Pensar que la calle es lo que nos separa, pero las distancias estaban quebradas desde antes, desde el momento en que esas dos miradas se cruzaron, los ojos de ella miraron a los de el y se volvieron tibios, asi ellos dos pasaron las barreras y se encontraron en el medio de la calle, rieron, porque les parecio estupido haber terminado en la mitad, rieron, porque no sabian hacia donde ir, si hacia el lado de ella o hacia el lado de el. La bocina del auto tomo la decision, el camino que tomaron ya no importaba, solo importaba ese momento en que salieron tomados de la mano, porque el camino al que se habian dirigido era uno totalmente nuevo. Asi la tarde se volvio extasis, porque ya todo el fondo se fundio en uno y lo unico que quedaba era ese objeto hermoso al frente de uno: el otro. Él pensaba que el beso era el culmine de todo, ella sabia que solamente debia de dejarse llevar, sentir lo que sentia en aquel momento. Cuando sus labios se tocaron, él supo una nueva realidad: La vida sigue mas alla de aquellos actos culmines, el beso no los cambiaba, solo derretia una capa de hielo sobre aque bello cerezo que besaba en frente y dejaba ver una pequeña rama nueva. Por mas que las cosas no cambiasen, si seguian siendo como habian sido hasta ese momento, las cosas estaban perfectas, -que emoción- él pensaba- es como ella dice, hay que dejarse llevar por las emociones, son lo mas verdadero que tenemos nosotros los humanos. Ella sentia que estaba un poco mas cerca de el, que sus sentimientos eran capaces de transmutarse en aquella sorpresa, que el acercamiento de ambos, el roce de los labios, el tocar de sus lenguas, las caricias que solo los intimos se dan, que ahora ella tenia en sus manos un pecho ajeno, tenia las llaves de sus sentimientos tenia la dichosa entregada labor de cultivar aque arbol que se le habia dado entre sus manos, eso le daba derechos y deberes sobre el. Lo queria, y lo unico que esperaba de el, era que su respiracion siempre fuera capaz de rozar su cara, que cada hoja que pisara, cada tristeza que pasara, cada pena que llorara, cada risa, cada inicio y cada termino, fuera capaz el de mostrarlo a ella. A el le habian hablado mucho sobre el proyectarse, sobre el elegir a un alguien, elegir el camino, llegar a una meta. Habia pasado una vida comprandose ese cuento, de que quien no tiene un fin en la vida, no va a llegar a ser nadie, en aquel momento no le importaba, porque sabia que en ese momento ella no era una meta, no era un deseo, ella era un camino y estaba dichoso de recorrelo junto a ella.
Se funden las distancias. En un ocaso naranjo, sobre el pasto de una plaza, ambos tomados de la mano y intentando saborear ese restito de momento que todavia les quedaba pegado en los dientes. El sabor ya acabo, se miran dan media vuelta y se van, renovados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario