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Les presento un rincon de mi, situaciones que no quiero que se pierdan en el olvido, porque la memoria es fragil y el papel es eterno, papel que en sus letras exhuda fragancias que trascienden espacio y tiempo.

viernes, 27 de abril de 2012

Confianza

Uno pensaría a simple vista que ahí hay concha, que eso es una estatua dejada en el fondo del mar, que es como todas las cosas en el fondo del oceano, pero esas figuras esconden un secreto, porque se ven patitas y antenas y danzarin sale un bichito, sale dentro del caparazon  un cangrejito, cangrejo ermitaño le llaman, no entiendo lo paradojico del nombre, porque uno normalmente asocia a los ermitaños con los enajenados... los necesitados  de soledad, de dejar de lado la compañia y la confianza de los otros, el contacto humano, los imperiosos de irse a vivir alejados de todo. Este cangrejito ermitaño es particular, tiene la costumbre de elegir su casa en caparazones ajenas, asi como los gitanos cambian de casa. Y asi vive su vida, viajando de casa en casa. Creo que hay pocas entregas tan grandes como dejarse caer en el abismo de un otro. Y el cangrejo se entrega a la confianza de este, con la mayor de las confianzas: la de su integridad, su vida. El vivir en la casa de otro es dejar resonar un instrumento ajeno en la orquesta propia, es aceptar su vida y escribir el propio libro de historias con dos almas trabajando de manera conjunta. De ermitaño no tiene mucho este cangrejito, y ha decidido visitar mi estatua, la que pronto mudare. Y el vivira en mi recuerdo pasado y le doy las gracias por ser  eco de mi anterior gloria. Cangrejito no tan cangrejo, ermitaño de fantasía, mi casa es tuya por hoydia, tiñe mis paredes de verde y lanza tu excremento a las murallas, raya de grafittis con tus orines, eso si sacame de casa los olores. La fiesta comienza temprano.

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