Despues de una velada placentera, mi intestino empezo a manifestarse, a pequenos gritos me daba a entender su existencia. Como dictador que soy, no tarde en apaciguar a los gritos del mudo, mundo vivo apagado en sueno, morfeo no tardo en llegar y a esas tripas manosas las obligue callar. Al amanecer, el alba trajo sus promesas, palabras de esperanza a esas tripas que ya me parecian ajenas, a esas que se llamaban pobres, porque su llanto no fue oido.Una palabra tras otra hacian escuchaban esos gritos de protesta, que llamaban a la huega, que anunciaban conmocion y que pronto anunciarian que nada seria lo mismo, en un comienzo fue el colon quien ceso sus funciones, luego en fiel seguimiento, el valiente ileon se unio al movimiento. El estomago, al que hasta ese entonces considere mi mejor aliado, en acto de traicion vil y baja, se unio a las huelgas, fuertes arcadas fueron su grito, mareos como arma prometian atacarme. !Este cuerpo es mio, los rebeldes no me van a vencer! Supongo que ahora consiguieron lo que querian los malditos, los he tomado en serio, capataces mis pastillas, a latigo blandiendo, acallando lo inacallable, un dia, una noche, un medico, mas pastillas, llega la manana, mas pastillas, gritos de mis entranas, si yo fuera la tierra mis volcanes estarian ya rugiendo con su sed de magma, asi llego la tercera noche y las protestas seguian con sus rugidos, cualquier esfuerzo era futil, el mal tenia que ser extinguido de raiz y asi redimirme hacia mi cuerpo, madre bendita que da vida. El fuego purificador a manos de un bisturi, que luego de escuchar la palabra: Apendicitis, tirito en sus deseos de sangre. El cuerpo tiene su sabiduria, que uno no sabe escuchar, el equilibri estaba reestablecido, el balance ajustado y el pago en cuotas pronto a pagarse, a dolor y cama, a proyectos distendidos.
Sonrio
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